Residuo municipal vs. Residuo industrial

22 des. 2021 | Residuos, Industrial, Municipal

De un modo genérico podemos diferenciar entre los residuos urbanos/municipales y los industriales. Dicha distinción vendrá dada por el origen de los residuos, no por su composición. En las empresas y en los hogares se generan residuos: en un caso los consideraremos industriales y/o asimilables a municipales y, en el otro, municipales.

Si bien hay residuos claramente industriales como pueden ser unos lodos de depuradora, hay muchos que encontraremos en ambos casos: las empresas generan cartón y embalajes, aparatos eléctricos y electrónicos, rechazos…. del mismo modo que lo hacemos los ciudadanos.

Sin entrar a valorar la eficiencia y rentabilidad de los sistemas de recogida de residuos municipales, estos presentan unas características que dificultan la aplicabilidad del modelo de recogida y gestión de residuos municipales a los industriales.

Las diferencias entre ambos responden principalmente a la naturaleza y composición de los residuos, así como a su volumen de generación.

En cuanto a su naturaleza y composición, los residuos industriales presentan mucha más variedad y menor homogeneidad (teniendo en cuenta el peso que representan en el total, por poner un ejemplo, los ciudadanos pueden generar pinturas, disolventes…pero el porcentaje que eso representa sobre el volumen total es muy reducido).

 

¿Cómo se traduce esta situación en la realidad de la gestión de residuos?

En el caso de los residuos municipales, como la generación de los residuos y su composición son homogéneas, se ha conseguido implantar un sistema de segregación en origen, de modo que se obtienen una serie de flujos con cierta homogeneidad y volumen que facilitan y permiten un posterior triaje y valorización.

Tenemos el contenedor para los envases plásticos, para el papel y el cartón, vidrio, orgánica y rechazo y, supuestamente, para todo lo demás, el ciudadano debe acudir al punto verde o aprovechar la logística inversa o acuerdos marco (a fecha de hoy, cuando una empresa nos vende un electrodoméstico grande o un colchón, está obligada a retirar el que teníamos en casa si así lo solicitamos, o podemos depositar pilas, bombillas, medicamentos… en establecimientos donde no hemos adquirido los productos, del mismo modo que al cambiar aceite o neumáticos de los vehículos pagamos un importe a sistemas integrados para la gestión de los residuos).

 

De este modo, la administración asegura a los adjudicatarios unos volúmenes elevados de generación, y unos “contenidos relativamente homogéneos” que permitan un posterior triaje y valorización; el residuo orgánico va la planta de orgánica, los envases a la planta de envases… aún y con este sistema de recolección los flujos cuentan con elevada presencia de impropios.

Del mismo modo, la administración exigirá un número de puntos y una frecuencia de recogida.

Por tanto, en el caso de los residuos municipales habrá unas rutas y frecuencias preestablecidas que permitirán optimizar también la logística (hay que tener también en consideración los horarios de prestación de servicio, normalmente nocturno en el caso de la mayoría de municipios que permiten ahorrar en tiempo y combustible).

Obviando las condiciones y la competencia, desde la perspectiva de un operador y gestor nos encontramos con el mejor escenario posible: volúmenes muy elevados, puntos y frecuencias de recogida fijos que optimizan la recogida en itinerancia y residuos homogéneos para su proceso.

En el caso de recogidas en itinerancia, la recogida de residuos municipales obtiene una mayor cantidad de residuo recogido por kilómetro recorrido.

Para los residuos industriales, dado que las dimensiones y cantidades dependerán de cada empresa, habiendo espacio para las dos tipologías, siempre se tenderá a los transportes unitarios cuando los volúmenes de generación o capacidad de almacenamiento lo permitan, puesto que será el escenario más beneficioso para productor y gestor, respecto a la recogida en itinerancia.

Además de por las razones anteriormente citadas, los residuos industriales son distintos por otro motivo: la atomización del mercado y de los proveedores. Hay un gran número de agentes que intervienen en el proceso (agentes/negociantes, transportistas y gestores) para dar respuesta a una serie de productores con distintas necesidades repartidos por el territorio.

Es decir, en el caso municipal, ”pocas empresas se reparten el pastel y queda repartido por parcelas, para dar respuestas en itinerancia sobre áreas establecidas”, mientras que en el caso industrial, intervienen muchos más actores, y si bien es cierto que los gestores querrán tener el mayor peso posible en su área de influencia inmediata, se desplazarán hasta donde haga falta si el cliente paga.

 

Las instalaciones en el proceso de gestión de los residuos

Por último, y no menos importante, hay que tener en cuenta el tipo de instalaciones. En el caso de los residuos urbanos el proceso del contenedor de rechazo suele pasar por ecoparques (con inversiones multimillonarias y “trabajo asegurado” que permiten distintos procesos), y que acabarán dividiendo en distintos flujos destinados a gestores de residuos, esta vez finalistas, especializados en el residuo en cuestión, y la parte de rechazo real que acabe en vertedero o incineradora.

En el caso de los residuos industriales, ni los volúmenes, tipología y composición de los residuos lo permitirían, ni las empresas tendrían el músculo financiero o la capacidad de sostener una instalación de este tipo (ya que no tienen la exclusividad que les permita llegar a economías de escala asociadas a determinados volúmenes mínimos).

Para el resto de fracciones “valorizables” el funcionamiento debería ser muy parecido, puesto que por lógica, el residuo se transportará/gestionará en instalación finalista con las mejores condiciones económicas, fruto de la especialización, pero la realidad no siempre es así.

Aquí es donde toma especial importancia el volumen de generación de residuos, ya que si el productor industrial de residuos genera suficiente cantidad de un residuo valorizable, encontrará la manera (junto con el gestor) de recogerlos por separado para su valorización.

 

El punto de inflexión está cuando la generación o capacidad de acopio son limitados, donde se valorará si la fórmula “transporte + coste de gestión/abono + mano de obra” es menor que “tirarlo todo a la basura”, independientemente de que el transporte sea itinerante o unitario; mientras que el sistema de recogida municipal recogerá un contenido homogéneo, por ejemplo cartón o envases, solamente vacía un tipo de contenedor y quedará lleno en pocos kilómetros y por costes, “siempre” será más conveniente gestionar el contenido como material valorizable.

De todo esto podemos deducir que aunque haya una parte de residuos industriales parecidos en composición respecto a los municipales, la logística y gestión son distintas; y esto nos sirve para explicar porqué es más caro exportar el modelo de recogida municipal al industrial, y nos resulta complicado realizar la recogida de las fracciones de envases, orgánica o vidrio en pequeñas cantidades o en itinerancia.

La lectura positiva es que el mercado tiene cierta capacidad de influencia, y a medida que las va demandando, el sector ofrece las soluciones. Prueba de ello son las recogidas en itinerancia de papel, plástico, envases, orgánica… que los transportistas y gestores empiezan a ofrecer.

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